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La Revista Científica Science publicó un especial de enseñanza temprana que aborda aciertos y obstáculos de los programas educativos para menores de 6 años. Se trata de estudios relacionados con el aprendizaje de matemática, lenguaje y ciencias, así como de aquellas estrategias que ayudan al desarrollo de habilidades fundamentales para la vida y con la protección de ese joven cerebro.
La capacidad de los niños para aprender no tiene techo. Esa puede ser la conclusión que deja la lectura de los cinco artículos acerca de enseñanza preescolar que la revista Science publicó, como un especial, en su última edición.
"Hay que dejar de considerar que los niños menores de cinco años tienen limitaciones para aprender, que son muy pequeños para entender esto o aquello", afirma Malva Villalón, psicóloga educacional y académica de la Facultad de Educación de la Universidad Católica. "Hay un enorme potencial en ellos que se desperdicia por esa creencia".
Uno de los aspectos que, justamente, hasta hace poco se pensaba que era imposible para los niños de esa edad era la autorregulación de las emociones. "Pero las neurociencias nos mostraron que los hijos de familias de mayores recursos desarrollan antes de la edad escolar ese autocontrol, cosa que no pasa con los de familias más vulnerables. Ahí se vio que había condiciones que ayudaban al desarrollo de esa habilidad", explica la psicóloga.
Uno de los estudios que publica Science, desarrollado por investigadores de la Universidad de Columbia Británica y del Hospital de Niños de Vancouver, muestra que hay una serie de actividades que ayudan al desarrollo de las llamadas funciones ejecutivas: creatividad, flexibilidad, autocontrol y disciplina.
Yoga, artes marciales (como el tae-kwon-do), ejercicios aeróbicos (carreras, saltar, básquetbol y fútbol), así como juegos de salón y de videos, están entre esas estrategias.
En el Jardín El Rincón del Oak, los niños hacen 30 minutos de yoga a la semana. "Lo incluimos porque nos dimos cuenta que ayudaba a los niños a que se conectaran con su cuerpo, además de desarrollar en ellos su capacidad para concentrarse y meditar. Ellos lo asumen no con un afán de competencia, de quién lo hace mejor, sino de diversión y disfrute", cuenta Cecilia Díaz, una de las directoras del jardín.
Este cerebro que aprende día a día necesita protección, dice otro de los estudios del especialista Jack Shonkoff, investigador del Centro de Desarrollo del Niño de Harvard, sugiere que en esa tendencia mundial a enfocarse en el desarrollo cognitivo de los niños hay un factor que se ha dejado de lado: el exceso de estrés.
La exposición temprana y repetitiva a situaciones adversas puede dejar una huella emocional. Porque, aunque el cuerpo tiene un mecanismo que permite alistarse para enfrentar esos episodios, si se usa una y otra vez, el cerebro del niño queda expuesto a otras consecuencias tales como el compromiso de la memoria, de la ductibilidad cognitiva y de controles inhibitorios.
"Los conceptos de estimulación y apoyo no están errados y son necesarios, pero insuficientes", dice Shonkoff. "Ellos deben ser balanceados con la protección ante posibles daños biológicos, especialmente en niños que están altamente expuestos a la adversidad".
Por eso, agrega, es fundamental que los que cuidan o se relacionen con esos niños sean capaces de construir relaciones sanas y de autorregulación donde ese joven cerebro pueda desarrollarse sin peligros.
Dominio del lenguaje
Investigadores de la Universidad de Vanderbilt determinaron que el problema con que se topan las iniciativas de estimulación del lenguaje es la incapacidad de los profesores para aumentar el vocabulario y conocimiento de los niños.
David Dickinson, autor del artículo, dice a "El Mercurio" que los educadores deben formarse en la manera en que los niños adquieren el lenguaje, ver qué temas les atraen y usar diversos métodos para verificar si ellos entendieron el concepto.
Un Buen Comienzo -programa de la Fundación Educacional Oportunidad-, entrega herramientas para educadoras y técnicos en párvulos para que aumenten el vocabulario del niño y su capacidad de comprensión a través de la lectura de cuentos. El programa funciona con " coaching ", donde "facilitadoras" primero muestran a las educadoras y a las técnicas en párvulos cómo aplicar esas estrategias y luego las apoyan para que apliquen esos modelos en la sala, explica Susana Mendive, codirectora general de la iniciativa. Agrega que el impacto de este programa, tanto en las prácticas pedagógicas como en los niños, aún está en estudio, pero esa investigación entregará luces acerca de los contenidos y modelos pedagógicos que deben incluir los programas de desarrollo docente, para que todos los preescolares tengan las mismas oportunidades de desarrollo y aprendizaje.
Sumas y restas a medida
Douglas Clements, de la U. de Buffalo, asegura que el "talón de Aquiles" de las matemáticas en los párvulos es que los educadores exigen de más o de menos a los niños. "Los profesores deben saber el nivel en que está cada niño. Esto les permite presentarles problemas adecuados a su avance para seguir aprendiendo". Así, el educador genera un mapa de ruta de tareas, "las que son desafiantes, pero a la vez realizables".
Esto, nuevamente, tiene que ser apoyado desde la casa. "Aquí el compromiso de los padres es vital para crear un ambiente matemático en el hogar. Los números están en todas partes, pero hay que saber verlos, por ello debemos enseñar a los padres a encontrarlos", agrega.
Parte de esto ha sido materializado por The English Institute desde que aplicó el método de Matemáticas Singapur en el preescolar. Así, las evaluaciones se volvieron mucho más exigentes, explica la jefa de estudios de Preprimary, Ana María Chávez, pero tuvieron una grata sorpresa "cuando vimos que los alumnos respondían más que nuestras expectativas. La actitud de profesores y niños hacia las matemáticas ha cambiado positivamente".
Haciendo ciencia
La natural curiosidad de los preescolares debe ser aprovechada en la enseñanza de las ciencias. Así lo dicen investigadores del departamento de Psicología de la Universidad Carnegie Mellon, quienes analizaron programas para enseñar el pensamiento científico. Su conclusión es que a los niños se los debe entrenar para que desarrollen ese tipo de reflexión.
David Klahr, uno de los autores del artículo, explica a "El Mercurio" que hay que potenciar por separado las habilidades de razonar, clasificar o pensar con analogías, y luego incentivar al niño para que logre juntarlas.
"Tus Competencias en Ciencias", del Programa Crece de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, hace justamente eso. Daniela Cafena, coordinadora de esta iniciativa Explora Conicyt, comenta que a través de experiencias científicas buscan fomentar la capacidad de observación, de indagar, de aprender del proceso y de resolver problemas. "Creemos que es un desarrollo progresivo, que parte en la enseñanza parvularia y termina en la secundaria", explica.
Por ejemplo, con magnetizado aprenden el fenómeno de la atracción entre objetos. Usan imanes para, por ejemplo, mover un barquito a través de un río dibujado en un papel. "Ellos hacen observaciones, como qué características tienen los objetos que se atraen y ese conocimiento les permite, después, mover el barquito", agrega Daniela.
Fuente: El Mercurio, 21/08/2011.
Artículo Revista Science.
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