|
Un buen jardín es más que salas bonitas y coloridas: Especialistas detallan en qué fijarse para determinar si los niños aprenden lo que corresponde en un centro preescolar y animan a concretar un sistema que acredite la calidad de esta enseñanza.
Es muy distinto decirle a un preescolar "¡qué lindo tu dibujo!" a "¿qué cosas dibujaste ahí?". Lo segundo puede parecer hasta una ofensa, pero esa pregunta marca la diferencia entre una interacción de alta calidad educativa y una sin grandes efectos positivos.
Y cuando aún no se disipan las imágenes de maltrato a un grupo de niños en un jardín en Quilicura, la pregunta por la calidad del cuidado y educación que reciben los párvulos en Chile sigue vigente.
Porque una enseñanza inicial de alto estándar no sólo se define por una sala bonita y acogedora o por un ambiente donde no exista maltrato contra los niños. También supone actividades que los entusiasmen, que pongan sus cabezas a pensar y que los inviten a comunicar.
Es un aspecto que se debe tener en cuenta a la hora de optar por un centro preescolar, porque los efectos positivos se dan cuando la educación que los niños reciben es, efectivamente, de buena calidad.
Actividades
"Los ambientes positivos no son solamente estructurales", explica Cynthia Adelrstein, jefa de la Carrera de Párvulos de la Facultad de Educación de la Universidad Católica. "Se refieren también a la forma cómo la educadora se relaciona con los niños, cómo los mira a los ojos y a cómo ella intermedia entre los niños".
También se relaciona con cómo lo anima a explicar lo que piensa y siente. Un punto clave, porque "cada día es más evidente que el lenguaje y el uso de vocabulario extenso son las mejores herramientas en la primera infancia", dice Luz María Budge, decana de Educación de la U. Finis Terrae.
En este sentido, un buen jardín debería poder informar a los papás cuál es el nivel de vocabulario de su hijo y cuál es el esperable. "Y las reuniones masivas, debieran cambiarse por dos o tres entrevistas individuales en que la educadora pueda revisar con ellos el nivel de desarrollo del niño respecto del ideal", agrega la decana.
Hernán Ortiz, el vicepresidente ejecutivo de Junji, pide no olvidar la presencia de la familia en el jardín, tanto para apoyar el trabajo de los niños, como teniendo acceso a los dibujo que ellos hacen "que deben ser verdaderas creaciones de ellos, no plantillas".
Kathleen McCartney, decana de la escuela de posgrados de la Facultad de Educación de la U. de Harvard, agrega a eso: "El centro preescolar debe estimular el desarrollo con actividades adecuadas a la edad del niño y debe ser una variedad de acciones que fomenten su uso del lenguaje, de los números y su motricidad".
La académica estuvo en Chile para exponer en un seminario internacional de educación inicial organizado por la Fundación Educacional Oportunidad, el Centro David Rockefeller para Estudios Latinoamericanos de la U. de Harvard y el Ministerio de Educación.
Ella cuenta que en Estados Unidos existe un sistema voluntario de acreditación de estándares de calidad de la educación inicial, al que entran todos los centros de enseñanza y cuidado de párvulos.
Actualmente existen los mapas de aprendizaje, un trabajo muy riguroso, dice Cynthia Alderstein, que permite saber qué es lo que los niños deben aprender y que pueden funcionar como "estándares" para los papás.
En 2004, recuerda, hubo una iniciativa en la que la empresa privada se unió a la Junta Nacional de Jardines Infantiles, Unicef y el Ministerio de Educación para crear un sistema de acreditación de calidad preescolar. "Fue un trabajo fructífero que no prosperó en la instalación de un sistema nacional".
Cynthia Alderstein como Luz María Budge, concuerdan en que sería un gran avance concretar un sistema de este tipo a nivel nacional y al que puedan entrar centros públicos y privados.
Al respecto, Hernán Ortiz aclara que ese sistema estudiado en 2004 "se transformó en un modelo de gestión de la calidad para la educación parvularia que se encuentra abierto para ser usado por jardines privados y públicos, pero no tiene el carácter de certificación que otorgue un sello de calidad".
Para que exista un sistema de ese tipo, agrega, debe haber una institucionalidad que la aplique. "Probablemente, ahoraque se aprobó la Superintendencia de Calidad de la Educación, se generará un sistema de acreditación de la educación parvularia", concluye.
Cynthia Alderstein, directora de la Escuela de Párvulos de la Universidad Católica, comenta que actualmente se está avanzando en la construcción de los estándares para la formación inicial de educadoras de párvulos.
Un trabajo que se realiza al alero del CIAE (Centro de Investigación Avanzada en Educación) de la U. de Chile, y que tocará tres aspectos cruciales en la enseñanza de pregrado de las educadoras.
"Queremos que ellas sepan ciertos conocimientos básicos, y que sepan poner en práctica eso que saben. También que sean capaces de construir ciertas reflexiones acerca de su trabajo, que puedan transformarse en aportes para su profesión".
Un grupo, sin embargo, que aún espera por atención son las auxiliares de párvulos. "Hay que mejorar las condiciones laborales y de capacitación continua, porque su trabajo es bien estresante y si no tienen estrategias para enfrentarlo, se producen desbordes como los que vimos en el jardín de Quilicura".
Fuente: El Mercurio, 24/04/2011. Compartir |